1.3 — Cuento07/05/2024

Madre por primera vez

Despertar entre llantos. Resolver, alimentar, abrazar, entretener.

Falta de privacidad, amar, procurar, prevenir, contener.

Ser madre por primera vez. Asustarse al peligro latente y desconocido.

Dejarte en segundo plano para dedicarte completamente al ser que proviene de ti.

El vínculo físico que existió por 9 meses se convierte en un vínculo energético de por vida.

Cuando mi hija despierta, mis pechos me avisan. Comienzan a lactar en cuanto abre los ojos. Segundos después, la escucho llorar. Amar al ser indefenso, más que a tu vida misma es algo que solo puedes comprender en carne propia. A mí nadie me lo va a venir a contar.

Por su puesto, existe ese otro lado. La esencia de mi cuerpo que grita por individualidad. Aquel que sueña con cultivarse, crecer, desarrollarse laboralmente, tener éxito, ser alguien.

A esa parte le parece injusto convertirse en un lujo en lugar de ser prioridad.

Esa parte, que tiene mi nombre escrito de esquina a esquina. Esa parte que vivió todos estos años guarda rencor, terror y dolor.

Una rutina insostenible. Bañarse en compañía, dormir poco, comer priorizando al otro, limpieza para después.

Tiempo consumido, espacio reducido, cuerpo corrompido.

Fallar en la misión, dormir por primera vez las horas completas, ¿por qué no desperté antes? ¿Por qué ya no llora? ¿Por qué mis pechos no lactan esta mañana?

Dormí sobre ella, mi cuerpo se quebró.

Para mí, un parpadeo de ocho horas. Para ella, 56 kilos de presión constante.

Se me doblan las piernas, se me entumen los brazos, me tiembla el cuerpo.

Fallar en la misión. Ver desvanecer aquel vínculo intangible y poderoso. Una parte de mí en desarrollo.

Este dolor, nadie me lo va a venir a contar.