1.3 M, El vampiro de Düsseldorf y el expresionismo alemán
El expresionismo alemán fue un movimiento de vanguardia de los años 20, nacido de la depresión después de la primera guerra mundial. Ha influido de manera decisiva en generos cómo el terror o el cine negro. Se caracteriza por el uso contrastante de iluminación, de deformar la realidad con la intención de expresar emociones, cargando atmosferas, ayudandose de angulaciones cómo picado o contrapicado con tal de exagerar el sentir de sus personajes.
Los expresionistas rompen con las estructuras establecidas. Los artistas tienen la libertad de deformar o formar la apariencia porque lo que le interesa expresar son sentimientos. El instinto creativo genera un sistema de pensamiento. El creador debe tener la capacidad de mostrar lo interior de las cosas a través de su exterior.
Habiendo dicho esto nos adentraremos a la obra de Fritz Lang “M, el vampiro de Düsseldorf” (1931). Después de haber hecho ya varias películas expresionistas cómo “Metrópolis”, “Las Tres Luces”, “Doctor Mabuse, el jugador” Lang decidió incluir el sonido en esta, su siguiente obra, de forma completamente narrativa.
Haciendo uso del silencio en escenas en dónde lo necesitamos o donde la imagen podría tener más peso, cómo la escena en que el asesino observa a una niña jugar desde el espejo de un escaparate, ahí lo más importante es la reacción del asesino al ver a la niña, encontramos una reacción de excitación y aunque es muy evidente, el silencio nos conduce a cierta discreción del personaje, aun estando en medio de la calle.
Por otra parte, el sonido aparece cuando el asesino silba, dejándonos un sello distintivo para poder identificar al asesino aún cuando no lo vemos. La canción, además es una melodía bastante siniestra que nos da la señal de que algo malo va a pasar. La esposa de Lang, Thea von Harbou, co-escritora del guion, es quien silba la canción de Peer Gynt “En la gruta del rey de la montaña” la única melodía durante el film.
Se considera a este film policiaco, una critica social a la depresión alemana que en estos años sufría de varios crímenes, pero entre ellos el más conocido y del que se presume estar basada la obra, es la historia de Peter Kürten. Quien fue nombrado cómo “El vampiro de Düsseldorf”.
Peter fue un hombre que vivió violencia en la infancia. Observó cómo su padre, quien era alcohólico, golpeaba a su madre y violaba a sus hermanas. Huyó de casa a los 9 años. Comenzó su vida cómo asesino matando animales. A los 30 empezó su gusto por matar niñas y jóvenes de las cuales se presume bebía su sangre, de ahí el apodo “vampiro”.
Peter fue atrapado cuando llevo a una mujer al bosque para violarla, estrangularla y matarla. Para su desgracia, la mujer sobrevivió y lo acusó con las autoridades. También se dice que confesó todo a su esposa y le pidió que lo entregara para que ella pudiera cobrar la recompensa que pedían por su cabeza.
Cabe recalcar que, cómo la mayoría de los asesinos seriales, Peter Kürten tenia rasgos narcisistas, había dejado varías notas a la policía y objetos con sus iniciales en escenas del crimen. Cuando lo atraparon el hombre confesó alrededor de setenta crímenes junto con su fetiche con la sangre, denomina hematodipsia es el nombre del trastorno por el placer de beber sangre, o también llamado vampirismo clínico.
Kürten fue sentenciado a muerte en la guillotina en 1931, no hubo protesta alguna por parte del acusado. Se dice que sus últimas palabras fueron hacia el verdugo «Dime... después de que me corten la cabeza, ¿aún podré escuchar, al menos por un momento, el sonido de mi propia sangre brotando de mi cuello?». El cerebro de Peter K. fue estudiado por la ciencia y se encuentra el día de hoy exhibido en el Museo Ripley, USA.
El actor que da vida al personaje del vampiro nombrado cómo Hans Beckert es Peter Lorre que nos muestra a un hombre enfermo, sumamente sanguinario y atemorizado de si mismo, mostrando un lado humano detrás del monstruo. El vampiro ahora expuesto en un ambiente terrenal donde representa al ser más criminal, un asesino de niños. Esta caracterización se apunta con una escena magistral en la que el protagonista se refleja en un espejo imitando las muecas típicas de este monstruo.
El vampiro es la degeneración de lo humano en bestia, lo que se relaciona con una representación de la libido en la que el deseo se convierte literalmente en deseo de posesión. Podemos incluso observar cuando Hans, el vampiro, acompaña a una niña a comprar dulces, encantandola con regalos antes de llevarla a su tragico final. Él la rodea con el brazo cómo a una pareja, demostrando aquí su deseo sexual hacia la menor.
Al principio del film el vampiro es representado con el uso de sombras, dándole al asesino anonimidad e intriga al espectador. Recurso igualmente utilizado en Nosferatu (Wilhelm. F, 1922).
Es interesante que la narrativa no se basa en el asesino y sus crímenes, si no, en la locura colectiva ante la falta de respuesta por parte de la policía. Los criminales son quienes se organizan para poder encontrarlo, pues las noticias llegan a un punto en el que todo mundo está al asecho de encontrar al culpable. La gente vive con miedo, y son los ladrones y traficantes los que son señalados primero y claro el temor del pueblo con sus hijos.
Los criminales se organizan y tienen una idea espectacular. Contratar a los mendigos, aquellos que siempre están presentes y de los cuales nadie nota presencia.
Un vendedor de globos ciego reconoce el distintivo silbido del asesino, lo acusa con la organización que lo está buscando y comienza el acorralamiento. El vampiro es marcado con la “M” de Mörder, que significa asesino en alemán.
En una búsqueda de justicia, nos encontramos con uno de los planos más importantes de la película, donde pasamos lentamente por la multitud de personas que están a punto de enjuiciarlo. El pueblo con sed de linchamiento que se niega a entregarlo con las autoridades, pues saben con seguridad que saldrá libre. El acusado tiene un defensor.
En este momento el director de la obra no juzga a sus personajes simplemente expone. “Lang sigue incidiendo en el hecho de que un abrumador grupo de personas comparta una idea común no hace que esta sea justa o simplemente válida. Somos personas y a los humanos que conviven con un monstruo en su interior hay que ayudarles a lidiar con él y no recurrir al lado más sádico del ojo por ojo” —Zorrilla, M. (2016). Cine de psicópatas: ‘M, el vampiro de Düsseldorf’, el primer gran psycho-killer. ESPiNOF.
Por último cerramos con un mal sabor de boca, el vampiro es entregado y juzgado por las autoridades. Al final no sabemos el veredicto, el cual pierde significado al encontrarnos con las madres en luto “Esto no traerá a nuestros hijos de regreso, hay que vigilar más de cerca a los niños, todos ustedes” dicen mientras lloran sentadas en la corte.
M, el vampiro de Düsseldorf sentó bases para el cine negro, y es claramente una obra de gran valor en la historia del cine. La cual merece análisis y admiración de todo aquel que tenga apreciación por el séptimo arte.



